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Pasión y perseverancia: 45 años dedicados a la danza | Cristina Groetsch

Cristina Groetsch comparte con nosotros su viaje a lo largo de cuatro décadas dedicadas a la enseñanza de la danza, enfrentando desafíos, reinventándose y manteniendo viva su pasión.

Entrevistador: Buenos días, Cristina. ¿Cuarenta y cinco años dedicados a esta academia?

Cristina: Efectivamente. Fue una idea de mi hermana; la montamos juntas. Ella había terminado la carrera de biología y estaba estudiando psicología, mientras al mismo tiempo íbamos todas las tardes a clases de danza, era nuestra pasión. Entonces, cuando mi hermana pensó en trabajar y sumergirse en la vorágine laboral, lo único donde nos veíamos felices era dando clases de danza.

Entrevistador: ¿Cómo desarrolláis este negocio en un mundo tan variante como es el arte?

Cristina: Es diferente, sí. Tiene muchas dificultades y he pasado por muchas aventuras a lo largo de estos 45 años. He ido evolucionando continuamente. Inicialmente, comenzamos ofreciendo principalmente danza académica, clásica y flamenco. Yo también impartía algo de jazz, mientras mi hermana se enfocaba en los cursos superiores.

En esa época, podíamos presentar exámenes al conservatorio para niños. Sin embargo, con la nueva ley educativa, todo cambió. Así que tuvimos que reinventarnos y ofrecer tanto danza académica como comercial, o de lo contrario, nos habríamos visto obligadas a cerrar.

Entrevistador: ¿Cómo os reinventasteis ante esa nueva ley de educación?

Cristina: Todo surgió de manera fácil y natural. La danza está en constante evolución, con la aparición de nuevas técnicas. Aunque la danza clásica y académica son como la música clásica, van surgiendo cosas nuevas. En cada período de vacaciones, íbamos al extranjero para hacer cursos de formación. Fue así como empecé a introducirme en el mundo de la danza contemporánea y el jazz. Al no estar dentro de la programación del conservatorio, tuvimos mucho margen para abrirnos a nuevas posibilidades.

Además, las cosas no suceden por casualidad; coincidió que un coreógrafo belga llamado O’Neil Vizcaíno apareció en Murcia. Formamos la primera compañía de danza contemporánea en la ciudad, siendo pioneras durante mucho tiempo. Introdujimos bailes como la salsa, la bachata, y otros estilos según la demanda de la sociedad. Mantuvimos nuestros principios en la danza y en la formación del bailarín, pero también nos abrimos a nuevas tendencias y a las personas que disfrutan de la danza como forma de diversión.

Entrevistador: ¿Qué le diría a alguien que está pensando en emprender?

Cristina: No es nada fácil, pero si tienes verdadera pasión por lo que haces, saldrás adelante. Aunque la administración presenta dificultades y ser autónomo es complicado, si disfrutas con lo que haces, sigue adelante y funcionará. Cuando haces lo que te gusta, te rodeas de buenos profesionales, y trabajas con personas de calidad, el equilibrio funciona.

Entrevistador: Después de 45 años, ¿qué le queda por hacer profesionalmente?

Cristina: Actualmente, con 62 años, formo parte de una compañía de teatro y continúo actuando, aunque sea en menor medida. Próximamente, vamos a actuar en el Teatro Circo de Murcia.

Además de bailar y dar clases, he combinado mi trayectoria de danza con la carrera de psicología. Siempre disfruto mucho de mis alumnos y compañeros. Considero que mis empleados son mis compañeros; si no siento que somos colegas, no puedo trabajar con ellos. Es fundamental sentir que nadie pisa a nadie y que todos estamos trabajando con apoyo y cooperación.

Aunque creo que no me queda nada por hacer, estoy abierta a cualquier cosa que venga, como ha sido a lo largo de estos 45 años. Siempre que viene algo nuevo, lo disfruto.

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