Opinión

1.237 mujeres asesinadas

A manos de un varón con el que tenían o habían tenido relación sentimental en los últimos 20 años. Aunque este tipo de asesinatos han descendido un 29% en los últimos 20 años, es evidente que queda mucho por hacer sin desdeñar lo avanzado: Italia triplica los datos de mujeres asesinadas.
Matar es cosa de hombres. Cerca de 95% de los homicidas en todo el mundo son hombres… ¿Por qué las mujeres matan menos? Para Gentry y Laura Sjoberg, autoras del libro: «Mothers, Monsters, Whores: Women’s Violence in Global Politics», las razones que explican por qué hay mayor cantidad de hombres que mujeres homicidas podrían tener raíces sociales y culturales y no tanto biológicas. Y también de relativismo moral: el Papa Francisco afirma que “la plaga de la violencia contra las mujeres es una profanación de Dios”
Cuando hablamos de violencia, entendemos todas aquellas situaciones y acciones que limitan y coartan el libre ejercicio de la libertad de las personas. Acciones en las que se usa la fuerza física o la coacción psicológica para conseguir que otra persona haga no lo que quiere sino lo que nosotros queremos, imponiéndole nuestra voluntad por encima de la suya.
Queremos poner el énfasis en que toda violencia acaba con la libertad humana, la libertad de elegir y la libertad de equivocarse.
Por otra parte, ni el ejercicio de libertad ni el uso de la violencia se ejercen en el vacío. Las violencias las ejercen personas agresoras sobre personas agredidas; violencias en casa o en el trabajo; violencias puntuales o continuas.
Por eso, es nuestra obligación concretar, y empezar concretando en quienes nos vamos a enfocar: personas concretas.
En este caso, sin olvidar las violencias contra niños, contra personas mayores, contra personas vulnerables o personas sin recursos, debemos centrar nuestro foco en las mujeres, más del 50% de la población mundial.
Pero no deberíamos hablar de mujeres en general, porque toda persona merece respeto y dignidad individual. por ello, debemos hablar de mujeres concretas, jóvenes o adultas, profesionales o sin estudios, que viven y sufren en países y culturas diferentes, y que sienten su condición de mujer desde diversas formas y con entera libertad.
Muchas de esas mujeres concretas sienten constantemente que no pueden desarrollarse personal y profesionalmente como quisieran, porque otras personas (ya sean hombres, ya sean mujeres) les impiden ser libres, ser iguales en derechos y deberes, porque el que es verdaderamente libre, es igual.
Sin embargo, creemos que estas mujeres agredidas -como cualquier persona- no se definen por ser víctimas, sino por tener deseos y motivaciones, querer ser más y mejor; mujeres cuya libertad está constreñida, pero también mujeres que quieren liberarse, y dejar de ser esclavas de otros para convertirse en modelos de referencia para otras mujeres, pero también para otros hombres.

Tenemos que identificar todas aquellas causas, situaciones, circunstancias que impiden el pleno ejercicio de la libertad y la igualdad y, una vez realizado el diagnóstico, hay que actuar. Aunque no se puede establecer un origen sociocultural, ni económico, como patrón único de la violencia contra las mujeres, la mayor parte de las mujeres asesinadas son españolas y los asesinos también. Produce escalofríos la banalización de este tipo de violencia entre los más jóvenes al pairo de no sé qué réditos políticos. A modo de ejemplo, los agresores sexuales menores de edad se han incrementado un 60% desde 2019 y el INE revela que 501 menores fueron condenados en 2022 por un total de 636 delitos sexuales, confirmando la tendencia al alza (+14%) en el último año.

Actuar con medidas concretas, personalizadas, adaptadas a las diversas circunstancias y a las diversidades de las mujeres. Actuar con el fin no solo de luchar contra la violencia -fin necesario, pero no suficiente- sino también con el propósito último de promover su bienestar integral. Bienestar entendido como salud y satisfacción de necesidades actuales y expectativas futuras de crecimiento personal y profesional.

Quizás la mejor forma de acabar con las violencias contra las mujeres sea actuar desde el respeto radical a su diversidad y la promoción de su bienestar. Porque una vez que hemos acabado con todo aquello que impide a las personas ser libres, una vez eliminadas las esclavitudes, tenemos que proporcionar una esperanza, un futuro de oportunidades, mediante trabajos con sentido, educación y formación sin cortapisas, y participación política en todas las decisiones comunitarias que les afectan a ellas y a todos los que con ellas viven.

Una vez más, el Papa nos recuerda la verdad y nos señala el camino: «¡Cuántas mujeres padecen el peso de la vida y el drama de la violencia! El Señor quiere que vivan libres y con plena dignidad».

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